Disruptores endocrinos y fertilidad: qué dice la evidencia científica

La relación entre los disruptores endocrinos y la fertilidad es uno de los temas donde la conversación pública y la evidencia científica más se desajustan. Por un lado, circulan afirmaciones categóricas que presentan los disruptores como la causa probada de una crisis de fertilidad. Por otro, hay quien minimiza por completo cualquier vínculo. La realidad, como suele ocurrir en ciencia, es más matizada que cualquiera de esos dos extremos.

Este artículo revisa lo que la investigación epidemiológica y experimental ha establecido hasta la fecha sobre la relación entre la exposición a disruptores endocrinos y la salud reproductiva, qué grado de certeza tiene cada afirmación, y qué papel juega la cosmética en este contexto.

El punto de partida: el sistema endocrino y la reproducción

La reproducción humana está regulada por hormonas. El eje hipotálamo-hipófisis-gonadal coordina la producción de estrógenos, andrógenos, hormona luteinizante (LH) y hormona foliculoestimulante (FSH), que gobiernan la ovulación, la espermatogénesis y el conjunto de procesos necesarios para la concepción. Como recoge el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos (NIEHS), las hormonas actúan en cantidades extremadamente pequeñas, y alteraciones menores en sus niveles pueden producir efectos biológicos y de desarrollo significativos.

Un disruptor endocrino es, por definición, una sustancia capaz de interferir en ese sistema. Es esa capacidad de interferencia —demostrada en modelos experimentales para varias sustancias— la que fundamenta la hipótesis de que la exposición a estos compuestos pueda afectar a la función reproductiva. La cuestión científica no es si los disruptores endocrinos pueden alterar el sistema hormonal, sino en qué medida la exposición real de la población a las concentraciones habituales produce efectos clínicamente relevantes sobre la fertilidad.

Lo que muestra la evidencia en fertilidad masculina

La fertilidad masculina es el área donde la evidencia es más consistente. Una revisión publicada en Fertility and Sterility en 2023 concluyó que la mayor parte de los datos experimentales y en animales demuestran evidencia sólida de los efectos negativos de la exposición a fenoles, ftalatos, pesticidas y sustancias perfluoroalquiladas (PFAS) sobre la salud reproductiva masculina. En humanos, las asociaciones negativas fueron en conjunto sólidas para ftalatos y pesticidas, mientras que para otros biomarcadores químicos las relaciones fueron más limitadas e inconclusas.

El mecanismo mejor documentado relaciona los ftalatos con el daño en el ADN espermático. Una revisión en Frontiers in Public Health (2023) describe estudios que asociaron los metabolitos del dietilftalato con daño en el ADN de los espermatozoides. Los ftalatos, por su capacidad antiandrogénica, pueden interferir en la producción de testosterona y en la espermatogénesis.

El debate sobre el descenso de la calidad seminal

Buena parte de la preocupación pública procede de los estudios sobre la tendencia temporal en el recuento espermático. La meta-regresión más citada, dirigida por Hagai Levine y publicada en Human Reproduction Update en 2022, analizó muestras recogidas globalmente durante el siglo XX y XXI y estimó un descenso del recuento espermático de aproximadamente un 2,48 % anual en estudios publicados a partir del año 2000. Su análisis anterior, de 2017, había documentado un descenso del 50-60 % en el recuento espermático entre hombres no seleccionados por fertilidad de Norteamérica, Europa, Australia y Nueva Zelanda entre 1973 y 2011.

Es importante presentar este dato con su contexto. La propia literatura científica recoge un debate metodológico relevante. Un grupo de investigadores, encabezado por Boulicault, ha propuesto la hipótesis de la «biovariabilidad del recuento espermático», que sostiene que el recuento espermático varía dentro de un rango amplio, buena parte del cual puede considerarse no patológico y propio de la especie, y cuestiona algunas de las inferencias del trabajo de Levine. Además, los propios autores reconocen que el recuento espermático se ha asociado de forma plausible a múltiples influencias ambientales —no solo disruptores endocrinos, sino también pesticidas, calor— y a factores de estilo de vida como la dieta, el estrés, el tabaquismo y el índice de masa corporal.

Dicho de otro modo: existe evidencia de un descenso en la calidad seminal en determinadas poblaciones, y los disruptores endocrinos figuran entre los factores plausibles que podrían contribuir, pero no son el único factor ni su contribución exacta está cuantificada con precisión.

Lo que muestra la evidencia en fertilidad femenina

En la fertilidad femenina, la evidencia también es creciente, aunque con la complejidad añadida de que el sistema reproductivo femenino implica más variables hormonales y ciclos.

Una revisión sistemática publicada en la revista Life en 2025, que analizó 14 estudios observacionales publicados entre 2014 y 2024, encontró asociaciones consistentes entre la exposición a disruptores endocrinos y múltiples resultados reproductivos: deterioro de la calidad seminal, reducción de la reserva ovárica, infertilidad, síndrome de ovario poliquístico (SOP), alteración de los niveles hormonales (estradiol, LH y FSH) y resultados adversos en técnicas de reproducción asistida, incluyendo la fecundación in vitro. Los disruptores más estudiados fueron el bisfenol A (BPA) y sus análogos, los ftalatos, los parabenos, las PFAS y los contaminantes orgánicos persistentes.

Síndrome de ovario poliquístico

El SOP merece una mención específica porque es uno de los trastornos donde la asociación se ha estudiado con más detalle. Una revisión publicada en Frontiers in Endocrinology (2023) recoge que las mujeres con SOP presentan niveles más altos de DEHP —un ftalato— en el líquido folicular en comparación con los controles, lo que podría contribuir a la pérdida gestacional tras fecundación in vitro. El estudio de cohorte TREE investigó las asociaciones de los metabolitos de ftalatos en orina con el SOP, indicando que varios de ellos se asociaban a una mayor prevalencia del síndrome.

Conviene la cautela interpretativa habitual en epidemiología: una asociación no establece por sí sola una relación causal. El SOP es un trastorno multifactorial con un fuerte componente genético y metabólico, y la exposición a ftalatos figura como uno de los factores ambientales bajo investigación, no como causa establecida.

Exposición simultánea y el «efecto cóctel»

Un estudio de casos y controles publicado en Environment & Health (2024) analizó 302 muestras de suero de mujeres en edad reproductiva y detectó que estaban expuestas al menos a dos disruptores endocrinos de forma simultánea, con una tasa de detección de parabenos y metabolitos de ftalatos del 100 % en suero. Este hallazgo apunta a uno de los aspectos más complejos del campo: la evaluación del efecto combinado de múltiples sustancias en exposición simultánea, que es difícil de aislar en estudios diseñados para evaluar compuestos individuales.

La posición de los organismos científicos

La Endocrine Society —la principal sociedad científica internacional en endocrinología— ha publicado dos declaraciones científicas sobre disruptores endocrinos (EDC-1 en 2009 y EDC-2 en 2015), que constituyen la revisión de referencia en el campo. Estas declaraciones reconocen la evidencia de los efectos de los disruptores endocrinos sobre la reproducción y otros sistemas, y han impulsado la atención regulatoria y de investigación sobre estas sustancias.

Al mismo tiempo, los organismos reguladores europeos mantienen un enfoque basado en la evaluación de riesgo sustancia por sustancia. El marco del Reglamento (UE) 2018/605 establece los criterios científicos para identificar sustancias con propiedades de disrupción endocrina, y el Reglamento (CE) n.º 1223/2009 sobre cosméticos prohíbe o restringe aquellas para las que la evidencia justifica una acción regulatoria.

Qué papel juega la cosmética en este contexto

Es importante situar la cosmética en su justa proporción dentro del conjunto de fuentes de exposición a disruptores endocrinos. La exposición humana a estas sustancias procede de múltiples vías: la dieta y los envases alimentarios, el agua, el aire, los pesticidas, los plásticos de uso doméstico y los productos de cuidado personal, entre otros. La cosmética es una de esas vías, no la principal ni la única.

Dentro de la cosmética, los disruptores con mayor presencia y evaluación son los ftalatos —principalmente como componentes de fragancias sintéticas— y los parabenos como conservantes. Como señala una revisión sobre infertilidad masculina publicada en 2025, la absorción de ftalatos, parabenos y otros disruptores se ve facilitada por el contacto cutáneo con cosméticos, productos de cuidado personal y artículos que contienen plásticos.

Esto significa que reducir la exposición a través de la cosmética es una de las palancas disponibles —junto con la alimentación, los envases y el estilo de vida— para disminuir la carga total de exposición. No es una medida que por sí sola determine la fertilidad de una persona, pero es una de las pocas vías sobre las que el individuo tiene control directo y verificable a través de la lectura de etiquetas.

Para entender qué ingredientes cosméticos están bajo evaluación y cómo identificarlos, puedes consultar nuestros artículos sobre cosmética sin disruptores endocrinos y cómo leer etiquetas INCI.

Una conclusión honesta

El estado actual del conocimiento permite afirmar lo siguiente con un grado razonable de respaldo científico: existe evidencia experimental sólida de que varios disruptores endocrinos alteran la función reproductiva en modelos animales; existe evidencia epidemiológica consistente —aunque con limitaciones metodológicas reconocidas— que asocia la exposición a ciertos disruptores con peores indicadores de fertilidad en humanos; y la cosmética es una de las múltiples vías de exposición, no la determinante.

Lo que la evidencia no permite afirmar es que un producto cosmético concreto cause infertilidad, ni que eliminar los disruptores de la rutina cosmética garantice una mejora de la fertilidad. La fertilidad es multifactorial y la exposición a disruptores es solo una pieza de un cuadro complejo en el que intervienen genética, edad, estilo de vida, salud metabólica y factores ambientales diversos.

La decisión de reducir la exposición a disruptores endocrinos a través de la cosmética es, en este marco, una decisión razonable de precaución: actúa sobre una vía de exposición controlable, sin necesidad de adoptar afirmaciones alarmistas que la evidencia no sostiene. Quien busque cuidar su salud reproductiva encontrará en la reducción de la exposición cosmética una medida coherente, dentro de un enfoque más amplio que incluya alimentación, hábitos y seguimiento médico cuando proceda.

Si tienes preocupaciones específicas sobre tu fertilidad, la referencia adecuada es siempre un profesional sanitario, que puede valorar tu situación individual con las pruebas y el contexto clínico necesarios.


Referencias
  • Tzouma Z, Dourou P, Diamanti A, et al. Associations Between Endocrine-Disrupting Chemical Exposure and Fertility Outcomes: A Decade of Human Epidemiological Evidence. Life. 2025;15(7):993. doi:10.3390/life15070993
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  • Levine H, Jørgensen N, Martino-Andrade A, et al. Temporal trends in sperm count: a systematic review and meta-regression analysis of samples collected globally in the 20th and 21st centuries. Human Reproduction Update. 2023;29(2):157-176. doi:10.1093/humupd/dmac035
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  • National Institute of Environmental Health Sciences (NIEHS). Endocrine Disruptors. niehs.nih.gov
  • Reglamento (UE) 2018/605 de la Comisión, de 19 de abril de 2018, por el que se establecen criterios científicos para la determinación de las propiedades de alteración endocrina.

Este artículo tiene carácter informativo y divulgativo. No constituye consejo médico. Para cualquier preocupación relacionada con la fertilidad o la salud reproductiva, consulta con un profesional sanitario cualificado.

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